El mayor fan de la Vida Verneda es Otto. En cuanto llega al camping le faltan segundos para recorrerse las diferentes parcelas y olfatear entre la madera de los bungalows para saber si ha llegado algún compañero de faenas nuevo.

Hierba y más hierba para correr y rascarse a sus anchas, revolcarse, hacer volteretas, esconder sus juguetes, esconderse a sí mismo, y encontrar tesoros. Aunque la mire con lujuria y deseo, ya sabe que la piscina no es su sitio, así que si quiere mojarse, jugar o, incluso, pescar, se va directo al río. Si es invierno, después estornuda varias veces… ¡Valiente! La balsa también es una buenísima opción para recoger palitos en modo bucle y refrescante.

En cuanto en su encuadre de visión se cruzan los pajaritos que tienen sus nidos en los árboles que dan sombra al camping en verano, ¡apaga y vámonos! Perseguir pájaros hasta el fin es una de sus actividades favoritas, justo después de perseguir, o ‘acompañar en sus paseos’, a los caballos y ponis que viven al más puro estilo Vida Verneda.

El Camino Real es lo más de lo más con acceso directo desde el camping para poder ir libre de correa. Lo mismo en el bosque de Varicauva, aquí sí que de verdad juega al escondite, sobre todo en otoño entre las hojas, típico paisaje repleto de encanto de los Pirineos.

Y en primavera…. ¡Mil sorpresas más para Otto y todos sus amigos!