Quien conozca la riqueza gastronómica de la Val d’Aran, sabrá que esconde numerosos platos y recetas que hacen las delicias de los paladares más gourmet. Lo que empezó siendo una cocina de subsistencia, ha terminado convirtiéndose en una de las mejores gastronomías de los Pirineos, aunando la cocina francesa con reminescencias de la Dieta Mediterránea y creando platos únicos y propios del territorio.

Un entorno fértil como el de la Val d’Aran, hace que durante los meses en los que la nieve no pinta de blanco las montañas, se cultiven muchos productos y la propia montaña nos brinde otros, haciendo que haya una marcada diferencia estacional de platos a lo largo del año.
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Otoño es el mes en el que las despensas se llenan de las hortalizas cultivadas en el huerto, aprovisionando a las familias para pasar el largo invierno. Se trata de una época en la que los días empiezan a acortarse y apetece disfrutar de las primeras bajadas de temperaturas con platos calientes que nos recuerdan la llegada del invierno.

La reina de la gastronomía aranesa es la Olha Aranesa, un guiso popular que hoy en día podemos encontrar durante todo el año en los restaurantes de la Val d’Aran, pero que cuando más apetece es en el frío invierno y en los primeros días de lluvia otoñal.
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La Olha Aranesa es el mejor ejemplo de la anteriormente mencionada cocina de subsistencia. Los habitantes araneses elaboraban esta sopa con judías blancas, fideos (en alguna casa le añadían arroz), patatas, verduras… todo aquello que se tuviera en la despensa. Con el paso del tiempo, se le comenzó a añadir carne como gallina, “pilota”, butifarra, morcilla… a fin de dar sabor y brindarle un mayor contenido calórico al plato para retomar fuerzas. Cada casa, igual que cada restaurante, tiene su receta propia, pero a nosotrxs nos encanta la que elabora Eth Restilhé.

Otro producto típico que nos apasiona degustar en otoño es el paté de campaña. Como con la olha, cada casa tiene su receta propia, aunque hoy en día tenemos la suerte de tener diferentes obradores que venden sus patés en distintos establecimientos araneses, como los de Tocinería Casanovas. Solo se necesita un poco de pan con tomate, ¡y a disfrutar!

Si tenéis suerte, a principios de octubre no hay nada mejor que degustar el sabor de la Naturaleza con las setas que hayamos podido recoger en verano y guardar (herméticamente, congeladas o deshidratadas).  A nosotrxs nos vuelven locxs los ceps, y es que ¡hay mil maneras de prepararlos! Un buen rissoto con estas setas harán que el sabor del bosque llegue directamente a tu paladar, aunque a la brasa con un poco de ajo y perejil también se nos hace la boca agua.

Fuente: EL País

Para los postres, nada mejor que una buena crema aranesa (similar a la catalana, pero con vainilla y sin canela) o degustar alguno de los quesos de la Hormatgeria Tarrau con un poco de mermelada casera. Si empieza a apretar el frío, la mejor guinda para terminar una comida otoñal en la Val d’Aran es tomando un buen trago de Cassís o Aigua de Nòdes, licores propios del territorio que con su dulzor cerrarán el ágape de manera extraordinaria.

Otoño es una época excepcional para visitar la Val d’Aran y conocer su gastronomía única. Hay muchos productos que nos dejamos en el tintero, pero que nuestro personal estará encantado de recomendarte. ¡Buen provecho!