En el Valle de Arán existen antiguas tradiciones para dar la bienvenida al verano en la víspera de San Juan.

En la población de Les, esta celebración se divide en tres días. La primera es Era Shasclada que se celebra el segundo fin de semana de mayo, y consiste en cortar y pelar el abeto que se convertirá en el próximo Haro. 

Entre todos los vecinos, cargan a sus espaldas el Haro mientras recorren el pueblo hasta llegar a la plaza, donde con martillos de hierro abren unas grietas en el tronco y colocan cuñas de madera. A esta acción se le llama “shasclar” de ahí el nombre de la fiesta. Seguidamente clavan el Haro en una esquina de la plaza.

El día se San Juan, se pretende quemar el Haro del año anterior siguiendo una ceremonia. Se empieza con la quema de las hayas, piel de ramas de cerezo que mientras arden hacen bailar por los aires. También bailan Es Corbilhuèrs, el grupo local de bailes regionales.

Después de la quema, la tradición es recoger las cenizas del mismo para repartirlas en sus tierras para traer buena suerte y prósperas cosechas.

El día 29 de junio, San Pedro, proceden a la colocación del Haro nuevo. 

Los chicos de bailes araneses, con sus trajes tradicionales, van en búsqueda de la última pareja de casados del pueblo, junto a los que cumplan sus bodas de oro. 

Estos serán los encargados de colocar la corona de flores y la cruz que decoran, y bendicen el Haro. 

Después, plantan el tronco con cuerdas entre todos los habitantes en el centro de la plaza hasta el año que viene. 

En el pueblo de Artiés, también guardan una bonita tradición. 

El primer domingo de mayo se hace Era Talhada, la gente del pueblo acude al bosque de la ribera de Valarties para cortar y pelar el Taro y se planta junto al del año anterior, el mismo que será quemado el día de San Juan.

Otro fin de semana del mismo mes, proceden a la Era Shasclada, apertura del tronco como hemos explicado anteriormente.

El día 23 de junio cuando oscurece, el Padre del pueblo bendice el Taro y se le coloca la imagen de San Juan.  Seguidamente se quema, y cuando ya empieza a consumirse se tira en el suelo, atado a unas cuerdas que al mismo tiempo están atadas a los jóvenes del pueblo, quienes deben arrastrarlo en llamas por todo el pueblo.

Antiguamente se creía que el fuego y el humo limpiaban y purificaban el pueblo.

Mientras se produce este peculiar pasacalles, la gente salta y baila por encima del fuego. Cuando la ruta termina, se hace delante de la casa del alcalde, que es el encargado de apagar el fuego.

Los vecinos se encargaran de recoger las cenizas para, como en Les, bendecir las cosechas.

Ambas tradiciones forman parte de las Hèstes Der Huec del Pirineo como patrimonio inmaterial de la Unesco.

¡Os esperamos!